Julio 5 del 2006
Un recuerdo de aquel hombre maravilloso.
Maravilloso también y no menos doloroso fue su pasar por esta tierra, y que privilegio fue haber compartido tanto conocimiento con él.

Esa pieza donde lloramos tanta pena, tanta vergüenza y dolor, que parece que mientras íbamos llegando a su casa ya dolían menos, y al entrar en su pieza y tirarnos en la silla, el corazón lloraba y empezaba a aliviarse.
Todo quedó ahí, nuestros sueños rotos, las desilusiones, los fracasos, también las alegrías, ¡tantas cosas!, el ¡hola dolor! , el alivio después del ¡lo acepto y me libero! Y nuestro ABRAZO DE OSO, tan rico y sostenedor.
En esa pieza tan humilde y sanadora, volvimos a sentir. Aprendimos a sacar las cosas para afuera, a pasarlas por el cuerpo, a grabar o desgrabar, para no morirnos de pena y volver a vivir.
Esa pieza tan helada después del día de su partida y donde algunos de nosotros volvimos a llorar desconsoladamente aquel 7 de Julio, sabiendo que él ya no estaría más y que de ahora en adelante estábamos solos y deberíamos empezar a usar lo que nos había enseñado.
Raúl decía, “todos los que pasan por aquí y tiene entrenamiento mental, están preparados para usar lo aprendido aquí, pero sólo lo sabrán en el momento justo que lo necesiten, ni un día antes ni un día después”.
Y supimos entre todos que ese momento empezaba ahí.
No se equivocó, gran maestro y sabio de la vida.
Grace

